segunda-feira, 22 de fevereiro de 2010
Matemática
Será que as fórmulas, as simples fórmulas dão por satisfeitas os emaranhosos questionamentos da existência?
Será que está no simples, o complexo? O complexo contém o simples? Será que há arestas que se cruzam, algorítimos repetidos??? Má temática esse tautologismo todo!
Sim, é simples, é automático... Se isto, entao aquilo... efeito, conseqüência.. delinquência...
E que seja decepado o que foge das fórmulas, o que transgride o simplismo... o que reflete, o que sente, o que divisa um futuro incerto...
Acabou?
Deveria acabar, o que ainda resta?
segunda-feira, 1 de fevereiro de 2010
Poema I
nao preciso escrever nada
nada preciso fotografar
Está tudo dito, narrado
e descoberto diante de qualquer olho
Conformo-me apenas em ser leitor desse mundo
e se de repente tenho algum insight
é porque antes a ignorância me dominava
E prefiro viver assim
dominando minhas ignorâncias
e enterrando-me nesse mundo de lembranças
quinta-feira, 14 de janeiro de 2010
Ninguém
e cerne da busca que se me cura.
Quiçá elo, primor....perdido ao mau estado.
Perdi sem invento a fé, apoquentado
logrando soturno assaz amargura,
até que fenece, cessa em azado.
Encontro, debalde, finda ternura.
Fremente desfecho, quero sorrir,
atroz desconsolo, passo ao além,
presente, oh insano, cheiro a porvir.
Revi taciturno, atado também
a lida, na fresta, espreita a seguir
cantei tom singelo se amo a ninguém.
quarta-feira, 13 de janeiro de 2010
Buscando motivos
Era bonito de ver o garoto ali que nem um desses monumento importante das praça. Só que era mais melhor os dia que ventava, a gente pudia perceber nos zoim dele a alegria. As folha que ficava no chão, as folha seca que caia das arve começava a levantar e ele seguia uma por uma com a vista, os redimunho até imbaraçava um poco. Mas era anssim que era feliz. Sentado sozinho, só sentado mesmo, observando o vento.
Num dia o vento trouxe uma sacolinha branca, dessas de fera, então foi só contentamento. O garoto saiu do seu normal, parecia um daqueles que fica na frente da orquestra, um maestro. Comandava a sacolinha, e nois pudia entende os pensamento da cabeça dele. Parecia uma dança, só que num era que nem essas dança quarqué uma não, mais bunito que balé. Parecia mais o menos um furacão, a sacolinha flutuava até lá em cima, pertim das nuvi, pertim do azul do céu, bem la do lado de São Pedro, de Nossa Senhora. Daí por alguns tempo o garoto isquicia da sacolinha e biservava só o azul mesmo, como que o céu é lindo, gente! Depois ele voltava, porque a sacolinha começava a cair, devagarim, bem de lento. Ela ia cai normalmente, incostá no chão se não fosse otra sacolinha, um saco preto. O garoto, num entendeu direito, mas o saco e a sacolinha comecaru a brincar nas auturas e o garoto num consiguia mais comandar seu brinquedim. A sacolinha tinha que continuar passiando com o vento e não ficar se metendo com um saco, eita! Duas coisa igual num da certo. Vento se inrosca com sacolinha e saco se inrosca com otro vento.
O saco levou pra longe do garoto a sacolinha, mostrô pra sua nova amiga otros lugar, otras casa, otros gramado, otros garoto. E a sacolinha não tocou o chão como todas as vez que o garoto custumava ver.
Só que um dia deu um vento tão forte, mais forte que vendaval mesmo. E separo o saco da sacolinha. A amizade que agora já tinha se transformado em paqueração disbrocho. De vez em quando dava uma brisinha leve e trazia o saco bem perto da sacolinha, mas bem dipois vinha um ventão e separava os dois.
A sacolinha começo a isquece o saco, fica com raiva do saco, pega ódio mesmo! E parô de tentar encotra ele dinovo.
Veio o vento custumero, veio o garoto costumero. A sacolinha subiu, e começo a cair bem devagarim e toco o chão traveis, mas o garoto percebeu alguma coisa de diferente, a sacolinha num tinha só caído. Num sei direito, mas o garoto, que só se sentava mesmo, sem motivo. Levantô, ponhô o sapato e saiu do morro com muitos mutivos pra enfrentar sua vida.
quinta-feira, 7 de janeiro de 2010
La ignorancia (Kundera, 2000)
El eje central de esta breve novela es la nostalgia, pero no cualquier nostalgia sino la de aquella que siente el que se ve forzado a emigrar por razones políticas u otras. La nostalgia por los años que han pasado y la confrontación del periodo vivido fuera con el periodo de la vida de las personas que han quedado en la patria. Confrontación de lo que es, lo que fue y lo que pudiese haber sido en otras circunstancias.Dentro de la reflexión filosófica acostumbrada en los libros que he leído de Kundera, la comparación de esa añoranza de los personajes con la nostalgia de Ulises y su retorno a casa, así como el análisis lingüístico del término en varios idiomas es lo que más me ha cautivado de este librito mucho muy recomendable.Sinopsis del la edicion:
Una mujer y un hombre se encuentran por casualidad durante su viaje de regreso al pais natal del que emigraron hace veinte anos. ¿Podran reemprender una extraña historia de amor, apenas iniciada entonces en su tierra? El caso es que, tras tan larga ausencia, sus recuerdos no se parecen. Porque nuestra memoria, la pobre, ¿que puede hacer? ¿Solo es capaz de retener del pasado una miserable pequena parcela sin que nadie sepa por que precisamente esa y no otra? Vivimos sumidos en un inmenso olvido, y no queremos saberlo. Solo aquellos que, como Ulises, vuelven despues de veinte anos a su Ctaca natal pueden ver de cerca, atonitos y deslumbrados, a la diosa de la ignorancia.
Recortes:
[…]En griego, «regreso» se dice nostos. Algos significa «sufrimiento». La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar. La mayoría de los europeos puede emplear para esta noción fundamental una palabra de origen griego (nostalgia) y, además, otras palabras con raíces en la lengua nacional: en español decimos «añoranza»; en portugués, saudade. En cada lengua estas palabras poseen un matiz semántico distinto. Con frecuencia tan sólo significan la tristeza causada por la imposibilidad de regresar a la propia tierra. Morriña del terruño. Morriña del hogar. En inglés sería homesickness, o en alemán Heimweh, o en holandés heimwee. Pero es una reducción espacial de esta gran noción. El islandés, una de las lenguas europeas más antiguas, distingue claramente dos términos: söknudur: nostalgia en su sentido general; y heimfra: morriña del terruño. Los checos, al lado de la palabra «nostalgia» tomada del griego, tienen para la misma función su propio sustantivo: stesk, y su propio verbo; una de las frases de amor checas más conmovedoras es styska se mi po tobe: «te añoro; ya no puedo soportar el dolor de tu ausencia». En español, «añoranza» proviene del verbo «añorar», que proviene a su vez del catalán enyorar, derivado del verbo latino ignorare (ignorar, no saber de algo). A la luz de esta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia. Estás lejos, y no sé qué es de ti. Mi país queda lejos, y no sé qué ocurre en él. Algunas lenguas tienen alguna dificultad con la añoranza: los franceses sólo pueden expresarla mediante la palabra de origen griego (nostalgia) y no tienen verbo: pueden decir: je m’ennuie de toi (equivalente a «te echo de menos» o «en falta»), pero esta expresión es endeble, fría, en todo caso demasiado leve para un sentimiento tan grave. Los alemanes emplean pocas veces la palabra «nostalgia» en su forma griega y prefieren decir Sehnsucht: deseo de lo que está ausente; pero Sehnsucht puede aludir tanto a lo que fue como a lo que nunca ha sido (una nueva aventura), por lo que no implica necesariamente la idea de un nostos; para incluir en la Sehnsucht la obsesión del regreso, habría que añadir un complemento: Sehnsucht nach der Vergangenheit, nach der verlorenen Kindheit, o nach der resten Liebe (deseo del pasado, de la infancia perdida o del primer amor). […]
[…] Cuanto mayor es el tiempo que hemos dejado atrás, más irresistible es la voz que nos incita al regreso. Esta sentencia parece un lugar común, sin embargo es falsa. El ser humano envejece, el final se acerca, cada instante pasa a ser siempre más apreciado y ya no queda tiempo que perder con recuerdos. Hay que comprender la paradoja matemática de la nostalgia: ésta se manifiesta con más fuerza en la primera juventud, cuando el volumen de la vida pasada es todavía insignificante. […]
[…] Tampoco la memoria es comprensible sin un acercamiento matemático. El dato fundamental radica en la relación numérica entre el tiempo de la vida vivida y el tiempo de la vida almacenada en la memoria. Nunca hemos intentado calcular esta relación y, por otra parte, no disponemos de ningún medio técnico para hacerlo; no obstante, sin grandes riesgos de equivocarme, puedo suponer que la memoria no conserva sino una millonésima, una milmillonésima, o sea una parcela muy ínfima, de la vida vivida. Esto también forma parte de la esencia misma del hombre. Si alguien pudiera conservar en su memoria todo lo que ha vivido, si pudiera evocar cuando quisiera cualquier fragmento de su pasado, no tendría nada que ver con un ser humano: ni sus amores, ni sus amistades, ni sus odios, ni su facultad de perdonar o de vengarse se parecerían a los nuestros. […]
Morte, curiosa morte...
Desespero da partida I
quarta-feira, 6 de janeiro de 2010
Young
Faço dessas palavras as minhas. Não saberia me exprimir de outro jeito, não agora.
Estou por um triz. De novo
parece, de fato, encenação.
Creio até que seja mentira
essa minha cara com esses
olhos caídos. Aprendi tal
olhar, lendo os poemas de
alguns, ou são os remédios.
Eu vinha crente que não mais
precisava disso. Disso: caneta,
papel, calmante e pijama.
Dancei muitas músicas e ri
de mim mesma. Aquela que
se repete. Eu. Eu mesma:
corpo e a cabeça cheia de
cabelos.
Meu cérebro está empapado,
do tamanho de uma barata.
Quando vou ao banheiro
e olho-me no espelho.
Quase acredito ser uma boa
atriz.
É tudo mentira!
um batom, um perfume e
vestidos me levariam ao
shopping. A um bar. A um beijo.
O problema é que quero muitas
coisas simples
então pareço exigente.
O problema é que sou tola e
carente,
mas não me deixo enganar,
se eu pudesse pedir um só pedido
seria: pára!
Pára esse carro em minha cabeça!
Quero descer,
estacionar,
bater num poste.
Não mais delirar,
nem sentir no corpo esse
seguir sem descanço,
atrás de sutilezas que não
podem ser descritas.
quinta-feira, 31 de dezembro de 2009
Bordões
Replico aqui uma matéria saída no Jornal Integração de Barão Geraldo na segunda quinzena de agosto deste findo ano. Como não tive direito, no mesmo jornal, a responder tamanha idiotice, faço-o aqui como forma de catarse.
A matéria é de José Lacerda... e minha resposta vem logo nos comentários:
José Lacerda
Quem mora em Barão Geraldo há algum tempo passa a conhecer mais de perto seus moraores e, também, seus fornecedores.
Todos nós precisamos de alguma coisa e vamos à busca. Em Barão, tudo fica mais perto, mais à mão, mas nem tudo é fácil de se conseguir, em determinados estabelecimentos.
Há supermercados onde algumas caixas, sonolentas, falam entre os dentes o bordão do momento, quando vamos pagar: “Quécepéfnanota?”
Eu levei algumas semanas para entender o que aquela moça, de muita má vontade, estava me dizendo. Senti-me agredido, gratuitamente. Fico imaginando os estrangeiros que chegam ao bairro, mal dominando o idioma nacional, tentando entender esse atentado aos nossos ouvidos.
Nunca vi ninguém, entre os que entendem o idioma das caixas de supermercados, dizer “sim”, diante de tal pergunta com a qual nos agridem. Mas elas não desistem!
Alguns mecânicos, mesmo sendo atenciosos, também não primam pela clareza em seus palavreados ao cliente ali, à sua frente: “Costaliquijávai!”
Ele está pedindo que encostemos nossos carros na calçada e que irá nos atender em breve.
Outros que falam um idioma desconhecido são os frentistas de postos (exceto os do antigo Texaco, hoje Shell, ali da esquina da avenida dois).
Ao colocarmos o carro defronte da bomba de combustível, lá vem um deles e grita em nossa janela: “Xutankacomum?” Lembro, de novo, do professor estrangeiro chegando ao Brasil e indo abastecer seu carro. Coitado!
Outra atividade que pode ser complicada é a compra de material hidráulico. Acostumados a dialogar com operários da indústria da construção, os balconistas sempre fazem perguntas que nos deixam travados, tentando entender qual o idioma que o citado profissional adotou, naquele instante em que diz, quando pedimos algum material: “Trêsquartoumeia?”
Inicialmente, ficamos imaginando porque ele está nos oferecendo três quartos, quando já temos nossa própria casa, com sala, cozinha, banheiros, etc. Pior ainda quando vemos que ele também nos oferece meia, artigo que supomos ser mais adequado às lojas de vestuário, ou sapatarias.
Em certos açougues, o drama se repete. Quando pedimos carne, logo ouvimos: “Acempatinhoucoxão?” Os homens, principalmente, que nada entendem de carne, e foram apenas buscar algo para o churrasco de sábado, ficam com cara de espanto, diante do fraseado pouco claro.
Mas, não desanimamos, e continuamos comprando em Barão. Afinal, somos reconhecidos pelos nossos fornecedores e, embora mudem o idioma no ato da venda, ainda assim podemos chegar a bom entendimento.
Em algumas farmácias, então, a coisa pode ficar bem complicada. Outro dia, precisando de pastilhas para amenizar uma dor de garganta, entrei num conhecido local aqui do bairro. Expliquei o que queria, e o vendedor, baixinho e troncudo, com seu jeito nordestino, perguntou, em voz rouca e acelerada: “Xarópastilhougargrejo?” Cheguei a pensar que era uma nova fórmula que chegava ao mercado, com nome científico um tanto complicado. Logo veio o dono do estabelecimento, vendo a colossal interrogação sobre minha pobre cabeça e explicou que seu funcionário indagava, pertinentimente, se eu queria um medicamento em forma de xarope, de pastilha ou para gargarejar. Ufa! Imaginei o que seria se o dono não corresse a me socorrer!
Nas padarias, conforme o horário, temos que ampliar ao máximo o grau de entendimento do idioma que ouvimos, vindo do outro lado do balcão. Quando se pede o tradicional pão francês, logo ouvimos: “Scurinhoubrankin?” É a versão para pão mais ou menos queimado, conforme a preferência do cliente. Uma atenção que o profissional do balcão quer acrescentar ao seu atendimento, mas que, para ouvidos pouco afeitos, pode soar como um palavrão, uma agressão. O professor estrangeiro vai desistir da compra, certamente.
Hoje, com a moda dos cartões de crédito, também somos agredidos com um outro bordão, nos caixas de qualquer estabelecimento: “Détoucred?” Seria tão mais fácil dizer débito ou crédito, mas a pressa – essa inimiga de nosso idioma – cria essas frases toscas, arremessadas ao nosso encontro, sempre que usamos um cartão.
Ainda bem que não somos professores estrangeiros! Conseguimos, por isso, sobreviver aqui no velho Barão Geraldo, adaptando nossos neurônios para entender rapidamente o palavreado “esculpido a machadadas”, como diz um bom amigo meu, também aqui do bairro.
quarta-feira, 30 de dezembro de 2009
O ciúme arde
A chama brava veio, noites oníricas me arrastaram para o caldeirão do purgatório, mesmo com todo frio além da janela. A pele se mantinha tíbia e a imaginação fantasiava.
Aquela boca pura, aquela pele macia e clara em mãos de outra pessoa mais bonita que eu. Os complexos apareceram, os medos apavoraram.
Mas o pior é que tudo aquilo poderia ser a fonte de uma breve substituição, bastasse o entusiasmo levar aos reencontros - dia após dia -, então, uma nova rotina se constituiria. Finalmente, nossas antigas recordações seriam esquecidas. O desejo venceria o amor.
Toda a sua meiguice, todo aquele charme e até mesmo todos aqueles defeitos, com os quais eu afavelmente aprendi a lidar, transpostos para outro lar, para outro coração. Conversas noturnas, passeios vespertinos, muita sintonia entre a gente transformando-se em ruína.
A mente do coração ciumento divaga, vai longe e não entende que o amor não nasce facilmente. Se eu cavalguei milhões de morros para achar, se muitos como eu estão até agora procurando, não seria uma mera noite a responsável pelo desamor.
O desamor vem depois. Vem também da amargura, vem dos complexos, vem da angústia, do ciúme e da vaidade. Vem mais de mim que do outro. Por isso eu te amo cada dia mais.
terça-feira, 29 de dezembro de 2009
Pandémica y celeste
DE JAIME GIL DE BIEDMA
Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!
Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.
Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.
Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.
Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.
Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.
A cigarra hedonista
Mais uma primavera que não será como as outras. Mais uma estação que não foi como outra. Sendo singular em ingredientes novos, ainda que únicos. Com o acréscimo de fama, reconhecimento, popularidade conquistadas e faltante em vida humana que cede carinho.
A busca não cessa, o caminho é sempre desviado, e as protuberâncias me propõe a queda: eu me deixo cair e permito que a vagueza me consuma.
Não prometo nada, não me prometo nada, a vida, a vida jovem, sobretudo, está aí para ser desfrutada, e ademais, não possuo mais créditos, minhas promessas valem tanto quanto um fio de navalha cego.
A primavera que deveria colher as benesses de um rigor hibernal, agora colhe as intempéries merecíveis tal qual a cigarra hedonista.
No entanto, ainda existe um lume ofuscado dentro de algum lugar em mim que me faz consciente e me guia nesta quase total insanidade.
Calo-me para não mostrar que sou uma ameaça à essência da primavera, calo-me para não ferir aos que acreditam nos devaneios desta estação florida, calo-me porque não quero salgar os rios. Calo-me porque é própria de mim a serenidade. Saio de cena porque necessito ser uma nova pessoa, capaz de entender um pouco do que é a primavera. E ser capaz de sentir todos os seus olores, admirar todas as suas cores e sentir o amor evocado a partir de um simples beijo. Quero me apaixonar!
P.S. Sim, consegui essa nova vida que buscava. Me apaixonei. Mas o coração romântico do homem apaixonado sofre muito mais que o coração solitário.
Morte e punição
Tinha a vida mais perfeita, segundos antes de cruzar aquela porta e entrar naquele avião. Mas eu escolhi, embora pense que em momentos posteriores fui compelido a escolher por minha viagem de estudos. De qualquer forma não fui um visionário e não dei importância ao conhecimento do mundo que já está dito. Tive a mínima sensibilidade de entender a canção das simples coisas e saber que a vida não cessa e que, quando a gente volta, as coisas simples como o amor podem ter sido devoradas pelo tempo.
Andei tanto pelo mundo a busca de um amor e agora que o encontrei, insensivelmente, recolhi minhas coisas e parti para a ausência de alguns meses.
Sem esse amor eu não sei o que sou, sem esse amor eu me matei. Estou morto, desanimado. Estar sem ânimo é ser apenas um corpo, um corpo que não come e nem sente necessidades.
Por que foi que eu perdi o meu vigor? Não precisava estar aqui. Poderia continuar modificando a vida do meu amor, poderia deixar que meu amor modificasse ainda mais o meu viver. É como se o nosso cordão houvesse rompido e nosso pacto não tivesse mais sentido.
Sou o responsável pela minha morte, pela minha mais recente morte.
http://www.youtube.com/watch?v=0cY5oZsxT7U
segunda-feira, 28 de dezembro de 2009
Mandarino cambia
Um galho de uma das goiabeiras também foi podado.
Mudanzas, elas acontecem. As coisas seguem e se desenvolvem com certa independencia. E esta relação é que às vezes me apavora. Tudo o que é dotado de vida, naturalmente nasce, cresce, seca e um dia apodrece. E mais certo é que nascerão e apodrecerão, as otras fases poderão faltar. É inexorável, é inevitavel. O princípio e um suposto fin já estão assegurados. E nisto encontro a independencia.
Durante este ano que estive fora, as coisas que mais se notam de diferente são justamente a ausencia destas plantas. Isto é o que os meus olhos me revelam, o que de físico se mostra, já que eles ocupavam um lugar que hoje está vazio.
O mais importante, as mudanzas mais relevantes não as posso perceber de um golpe de vista.
Talvez elas nem tenham ocorrido. Porque estas modificações que menciono não acontecem com plantas, pedras, construções (ah, a casa está passando por uma reforma), atacam senão às pessoas. E as pessoas são mais duras a cambios. O fato é que de imediato não notei diferenzas nas pessoas. Aqui as mudanzas são lentas.
Entre o surgir e o desaparecer, o que há de indepente, existe um percurso que não é tão autónomo assim. Se eu estivesse por aqui antes e tivesse tempo de cuidar da mandarineira, seguramente hoje ela estaria ali fora dando frutos. Poderia ter interferido neste processo. Mas não estive por aqui e pasó lo que pasó.
O mesmo se aplica às pessoas.
Foi bom ter vindo ano passado, o pequeno, pela primeira vez, tomou consciencia de minha existencia e agora há pouco, quando cheguei da rua, pude notar sua alegria ao me rever.Fiquei sabendo também que por um bom período depois que parti pela primeira vez, ele perguntou por mim. São visitas esporádicas que realizo, mas que considero importantes para contribuir con mudanzas na vida dos que amo.
Enquanto escrevo o pequeno corre por meu colo, questionando as letras e não me deixa um só segundo.
Me aborrezo em pensar que a minha contribuição é pequena, porém me alegro ao notar que este mínimo é de intensa e franca valencia.
Durante nossos processos muitas são as pessoas que cruzam nossas estradas. E destas, algumas nos atropelam, "fazendo-nos" sofrer, outras nos acompanham por um largo rato, alegrandonos, outras ainda, nem nos atropelam e tampoco nos acompanham, passam como um feto, prematuro mesmo, abortado.
Não importa quem são estas pessoas, não importa de que maneira as conhecemos, vale que elas se tornam especiais e parecem revelar uma ligação muito mais do que efêmera, muito além, mucho más allá, do que um ciclo de surgir e desaparecer. Com elas vamos topando a cada percurso ... e se não a modificamos, elas nos modificam.
Superego
Vejo o mundo com certo pessimismo e desconfiança, porque ao mesmo tempo em que não posso estar sozinho, também tenho restrições quanto ao que os outros esperam de mim. O tempo todo tenho de preocupar-me com minha imagem, preocupar-me em ser querido, em ser agradável. E fazer a transposição de meu mundo complexo, para um mundo da superfície é uma tarefa que custa muito e às vezes me fere demais. Penso que seria mais fácil esquecer-me de minha imagem e deixar para trás o que os outros pensariam sobre mim. Mas esta atitude é tão penosa, seja pelas cobranças da pueridade seja porque o próprio mundo é assim. Ele sempre exige que tenhamos compatibilidade com nossos pares.
O sofrimento que sinto com a solidão é uma prova, em primeira instância, de que realmente nasci para o mundo e, depois, de que não posso ser uma pessoa solitária.
De todas as formas, vou tentando driblar esse trauma, talvez carregando minha vida de novos traumas, novos pontos de estrangulamento, criando novas imagens para novos conceitos. Mas, apesar de tudo, o importante é saber que mesmo não sendo sempre eu o único responsável pelas más situações, sou eu o único que pode cultivar as conseqüências e fabricar essas imagens. Tenho consciência de que dentro de mim há um mundo muito desconhecido e que lá dentro tem felicidade, ando apenas precisando retirar as minhas vendas. A felicidade alheia a mim pertence ao mundo, mas a minha felicidade interior, esta é só minha.
E quanto ao mundo, à felicidade do mundo, acredito que apenas serei feliz quando encontrar alguém que consiga ao mesmo tempo fazer-me descobrir minha felicidade interna e conseguir me mostrar a felicidade do mundo.